Los mejores productos para limpiar nuestra casa.

Cuando comencé con el reto de reducir basura mi primera meta era terminarme todo lo que tuviera en casa, y eso incluía todo lo relacionado con la limpieza de esta. De hecho, sigo en el proceso, todavía no logro terminarme todo.

Una vez terminadas las cosas mi idea era hacer mis propios limpiadores. La realidad es que no siempre me ha resultado bien. Ahora les cuento.

Pisos, superficies, vidrios, y baño (retrete)

Lo primero que me termine fue el líquido con el que limpiaba los pisos. Antes usaba de esos que traen mucho aroma. Ya saben, para que oliera a “limpio”.

Al terminar experimente con el vinagre + agua. Huele fuerte, no a todo mundo le gusta. En casa ya nos acostumbramos pero si a ti no te gusta puedes agregar unas gotas de aceite esencial que te agrade. Igual una vez que se seca deja de oler.

Lo mismo utilizo para limpiar superficies, como las de la cocina, vidrios, y el baño. Mezclo el agua y el vinagre en un atomizador y rocío donde necesite limpiar y luego paso un trapo seco.

La taza del baño, una vez que le pongo esta mezcla, espolvoreo un poco de bicarbonato para que haga reacción y después de un rato tallo.

El patio donde está mis perros

Aquí si experimente varias cosas. Comencé limpiando con vinagre pero seguía oliendo feo. Luego con vinagre y bicarbonato pero se usaba demasiado y seguía oliendo mal. Después de eso probé con la creolina. Olía fatal. Nunca me pude acostumbrar a su olor.

Finalmente decidí comprar un limpiador exclusivamente para eso. Conseguí uno multiusos, biodegradable y que viene en un bote gigante de 5 litros.

Lavatrastes

Aquí también hice varios experimentos. Busque recetas caseras e intente 2. Una no funciono para nada, más bien me dejo los trastes peor que sucios, y la otra era tan fuerte que picaban horrible las manos, y eso que yo no soy de piel delicada.

Finamente hice algo parecido que con el limpiador del área de mis perros. Compré un lavatrastes biodegradable, que viene en un bote enorme y que rinde bastante pues viene muy concentrado.

Detergente para la ropa

En este punto no fui tan aventurera. He leído qué hay quienes lavan la ropa con vinagre y bicarbonato pero en ha dado miedo probar. Igual quisiera hacerlo pero en cosas como sabanas o toallas que no me da tanto miedo estropear. Si lo hago luego les cuento.

Pero bueno, aquí primero se me ocurrió pedir a un proveedor que vende productos a granel. El problema fue que al usarlos noté que olían demasiado a químicos. Y decidí dejar de comprarlos.

Luego encontré un detergente que es mexicano, biodegradable, y que ¡no se enjuaga! Lo que me permite ahorrar agua y electricidad.

¿Por qué no compro a granel biodegradable?

Por 2 razones importantes: en lugar donde lo veden me queda bastante lejos. Cada vez que vaya necesitaría comprar mucho para evitar ir tan seguido, además, y esta es la segunda razón, sinceramente los precios no me han parecido justos.

Conclusión

Como ven no todo es perfecto, no todo lo consigo a granel, y aunque si se donde comprar productos de este tipo a granel y biodegradables, la verdad es que tengo que encontrar un equilibrio también con la parte económica.

Entonces, ahí te va como elegir el que mejor se acomode para ti:

1.- Lo ideal sería conseguir un producto a granel y libre de químicos. Si tú mismo puedes realizarlo ¡mejor!. Así sabes exactamente qué tiene. Si consigues a granel algo que te puedas costear ¡excelente!

2.- Aléjate de los productos a granel llenos de químicos. Es mejor que recicles un empaque a qué llenemos el agua de tóxicos. Esa agua no vuelve a recuperarse. Es muy difícil tratarla.

3.- Si vas a comprar en empaque un limpiador biodegradable, elige la versión más grande que te encuentres. Una vez terminado el producto reutiliza el empaque o recíclalo.

Si quieren saber marcas de los productos que compro no duden en dejarme un mensaje, igual cuénteme qué productos utilizan ustedes.

Y bueno, como en todo es cuestión de gustos y de probar que te viene mejor la ti.

¿Ansiedad por la basura?

Hoy les vengo a contar mis penas. Ya en otras entradas les he aconsejado que se enfoquen en ustedes, que pongan el ejemplo, que no quieran obligar al resto a seguir sus nuevos hábitos y costumbres, pero me está pasando algo que ya ví que les pasa a muchos y es, como dice el título, ansiedad por la basura.

Hace poco leí el libro de Pedro Campos, La vida minimal, donde habla de buscar mejores problemas, que cuando renuncias a un tipo de problema realmente no te estas liberando de no tenerlos nunca más, si no que más bien los sustituyes por otros.

En palabras de Pedro: Eliminamos el problema de consumir más, para enfrentarnos al problema de contaminar menos. Eliminamos el problema de seguir las reglas establecidas, para enfrentarnos al problema de crear las propias.

Cuando comencé en este camino lo hice conociendo primero el minimalismo, y en esa búsqueda de hacer la vida más ligera me encontré con el zero waste y decidí adoptarlo, entonces, siguiendo con la idea que Pedro comenta, ahora me estoy enfrentando a otros problemas.

No solamente los iniciales de acoplarme a toda la nueva rutina de reducir los desperdicios míos y de mi familia, a la tarea de separar residuos, y buscar nuevas alternativas a todo lo que consumimos, si no que ahora me enfrento con la ansiedad que me da el que mis consejos no impacten como me gustaría.

La realidad es que recibes mucho apoyo, muchas muestras de que a la gente le gusta lo qué haces y que te admiran, pero pocos son los que siguen los consejos y se animan a realizar los cambios.

La verdad es que en el camino he escuchado muchas excusas de por qué la gente no hacen todo lo que yo hago, y les digo siempre que no es necesario hacer todo, pero que hagan algo, a lo que mayormente vienen más excusas, seguido de un consejo de mi parte para solucionar eso.

Desde que comencé me dije a mi misma que no me iba a portar demasiado apasionada con el tema, pues todos tienen que hacer los cambios a su velocidad y ritmo, y cuando sientan ese “llamado”, y sigo pensando igual, pero la realidad es que por dentro si da bastante frustración y tristeza ver qué la mayoría no hace nada.

¿Qué hago al respecto? Pues enfocarme en lo positivo. Que cada vez veo más y más iniciativas para mejorar el medio ambiente, y que cada vez somos más uniéndonos al cambio.

No me quiero enfocar en todos los que no solo no apoyan, si no que además tienen palabras de pesimismo al respecto. Tampoco me quiero enfocar en todos los que apoyan con palabras pero no hacen nada para cambiar sus hábitos.

Si estás en la misma situación que yo, solo tengo que decirte que no olvides la última R del zero waste: resiste. No olvides que somos muchos buscando un cambio y cada vez somos más, ¡sigamos intentándolo!.

Después de todo, a estas alturas, aunque nadie me apoyara dudo que regresara a lo de antes. Realmente creo en lo que hago, creo que todo lo que hagamos, por pequeño que sea, tiene un impacto, primeramente en nosotros y luego en el resto, solo tenemos que elegir qué tipo de impacto queremos lograr.

Simplifica y vencerás.

Ya antes les había comentado como es que llegue al zero waste desde el minimalismo, como en mi búsqueda de hacer todo más sencillo llegue también a adoptar la costumbre de reducir mis residuos y de esta forma mejorar mi huella ambiental.

Incluso cuando había comenzado con todo este proceso no me daba cuenta de que realmente no tenía que tener un producto o artefacto que cubriera cada una de mis “necesidades”, y lo pongo entre comillas por qué muchas veces, y analizando la situación , me di cuenta que esas necesidades eran inventadas.

Les contaré mi historia para que puedan entender a lo que me refiero.

Como cualquier ama de casa ocupaba productos para la limpieza, así que yo tenia mi colección: algo para el retrete, algo para la regadera, otro para que los grifos quedaran relucientes, otra cosa para los espejos y cristales, algo más para la grasa de la estufa, y los pisos, y los muebles… etcétera, etcétera.

Cuando comencé buscando opciones más naturales descubrí las bondades del bicarbonato y del vinagre. Ahora uso esto para casi todo. No solo el planeta lo agradece, también la salud de mi familia y nuestro bolsillo, y claro, todo se ve más despejado.

Otra experiencia que puedo contarles al respecto es sobre mi rutina de cuidado personal. Al igual que con el asunto de la limpieza de la casa, ah sido un largo proceso pues primero tuve que terminarme todo lo que tenía y luego buscar opciones más sustentables.

Aquí mi colección también era enorme: diversos productos para el cabello, no solo el shampoo y acondicionador, si no tratamientos y mascarillas, para el rostro variedad de productos dermatológicos para diversas cosas, más todo lo del resto del cuerpo.

Ahora descubrí que con un buen shampoo sólido ni siquiera se necesita acondicionador y que puedo usar una sola crema para todo el cuerpo.

Incluso descubrí que había cosas en mi rutina que para nada disfrutaba. Por ejemplo pintarme las uñas, así que deje de hacerlo.

Sigo aprendiendo, por qué sobre todo en este tema del cuidado personal si caí en la tentación de comprar variedad de productos que, aunque más naturales, he descubierto que puedo prescindir fácilmente de ellos. Así que ¡menor impacto ambiental!. Sin nombrar el ahorro y que evitas acumular.

Otra cosa en la que me he dispuesto simplificar es en la cocina. Aunque no soy amante de cocinar, solía comprar artefactos que cumplieran diferentes funciones, los cuales, dado mi poco gusto por esta actividad, terminaba no usando. He decidido no volver a comprar este tipo de cosas. Me he dado cuenta de que realmente no necesito nada de eso e incluso ahora cocino más que antes.

E historias similares puedo seguir contándoles, en las que he caído en cuenta de que realmente no era indispensable tener tal o cual cosa, y que cuando crees necesitar algo tal vez la solución ya la tienes en tus manos poniéndole un poco de creatividad. Esto aplica para cualquier aspecto de la vida, no solo en los que acabo de mencionar más arriba.

Así que resumiendo: simplifica y vencerás. Yo soy una persona a la que le encanta complicarse las cosas, así que el proceso no ah sido sencillo, pero con la ayuda de mi marido he logrado solucionar algunos inconvenientes de mi fascinación por complicarlo todo.

Si te encuentras en este proceso, no te desanimes si algo no sale como lo esperabas, de todo se aprende, y la solución seguramente será más sencilla de lo que imaginas, recuerda que cada pequeña acción cuenta.

Toallas sanitarias de tela

Entre las opciones que tenemos para que durante nuestros ciclos menstruales no produzcamos tantos desperdicios existen la copa menstrual y las toallas de tela reutilizables. Ambas no sólo son buenas para tu cuerpo si no también para el planeta.

Hoy les quiero contar sobre mi experiencia sobre las toallas de tela y aclararles algunas de las preguntas que más constantemente me hacen.

¿De qué están hechas ?

Este es uno de los cambios que más me costó hacer ya que se me venían a la mente escenarios muy catastróficos con esa idea de usar algo, como lo de antaño, donde las historias no eran precisamente alentadoras.

Investigando me di cuenta que no eran sólo tela, ademas usan un material especial para no dejar pasar el flujo. Las que yo compro tienen pul por dentro, que es el mismo que se utiliza en los pañales de tela.

El pul es poliuretano laminado. Es impermeable, ligero, transpirable, elástico y muy duradero. En su fabricación no se utilizan disolventes por lo que no produce toxinas nocivas.

Si, el pul se podría decir que es un tipo de plástico, pero con todas las toallas desechables que no vas a utilizar, realmente valen la pena. Cuidándolas bien pueden durar hasta 10 años.

Por fuera están hechas de algodón y de alguna otra tela, mayormente en colores o estampados llamativos que las hacen ver muy lindas. La parte que va en contacto con nuestra piel es el algodón y esa es la que normalmente no viene estampada.

¿Cómo se usan?

Básicamente igual que una desechable. Dura de 4 a 6 horas dependiendo del flujo.

La primera vez que las usé lo hice en casa por que si me daba un poco de miedo que me pasara alguna tragedia, pero luego luego les agarre confianza. Ahora hasta ejercicio hago con ellas.

La verdad tenía más accidentes con las desechables que con estas de tela. Yo pienso que esto sucede por qué las de tela se acomodan mejor al cuerpo.

Una de las preguntas que más me hacen es qué hago cuando ando en la calle y tengo que cambiarlas. Para esto existen las wet bags. Originalmente eran para los pañales de tela. Estas bolsas tiene 2 compartimentos. En una se guardan las toallas limpian y en el otro las usadas.

En lo personal yo decidí no comprar una. Bueno, la pedí, nunca llego, y descubrí que no la necesito. Lo que hago es que uso una cosmetiquera que ya tenía, y ahí cargo siempre una bolsa de plástico cualquiera, obviamente reutilizada, y adentro guardo las que vaya usando. Y esa es mi improvisada wet bag.

¿Cómo se cuidan ?

Una de las razones para no usar este tipo de toallas es por los cuidados que requieren. Tomando en cuenta el tiempo que se invierte en lavarlas, vale la pena si se compara con el tiempo que una toalla desechable tarda en degradarse.

Obviamente tienes que lavarlas la primera vez que las vas a usar, y ya después de cada uso y bien guardadas, en tu siguiente ciclo estarán listas para usarse.

De preferencia se lavan a mano para alargar su tiempo de vida. Si la lavas en lavadora es con agua fría y en una bolsa de malla. Nunca poner en la secadora ya que el calor puede deformarla.

Utiliza el jabón más natural que te encuentres, como el zote. Algunas manchas son difíciles de quitar por el color de la tela, sin embargo, lo ideal es no utilizar detergentes agresivos para hacerlo. Dejarla remojar en vinagre, mínimo unas 4 horas, después de cada uso, lavarla con agua fría, nunca tibia, y dejarlas secar al sol, es lo que puedes hacer para quitarle las manchas lo mejor posible.

Hay quien decide juntar varias y luego meterlas en la lavadora o lavarlas a mano, y hay quien se siente mejor lavándolas conforme se van usando. Ya depende de ti y de tus ocupaciones.

La verdad no te tardas ni 5 minutos en lavar cada toalla. Como dije arriba, vale la pena si piensas en que todas las toallas desechables que has usado hasta ahora siguen existiendo por ahí.

¿Son caras?

No te voy a negar que la inversión inicial puede ser fuerte, pero definitivamente a la larga es algo que también tu bolsillo va a agradecer.

Recuerda que pueden durar hasta 10 años. Entonces más que un gasto es una inversión, y si se ve de esta manera, la respuesta es no, no son caras.

Siguiendo con mi historia puedo decirles que estoy muy contenta con haberme decidido a probar las toallas de tela, no solo por mi si no que teniendo una pequeña en casa me emociona pasarle este conocimiento.

No se si a todas les suceda igual pero quiero contarles que mis ciclos definitivamente han cambiado.

No solo se trata de ya no traer algo tan incomodo como lo es una toalla desechable, los ciclos han cambiado de varias maneras.

Mis ciclos ya no son tan molestos, ya no los sufro tanto, e incluso el flujo dejo de ser tan abundante.

Definitivamente la experiencia es algo que todas deberían probar. Como siempre lo digo, no solo el planeta te dará las gracias, si no también tu cuerpo y tu bolsillo. Inténtalo, recuerda que cada pequeña acción cuenta.

Que no hacer si quieres comenzar a reducir tu basura.

Anteriormente les he dado algunos consejos de como empezar en este camino de reducir su basura, les he dado ideas de lo que pueden hacer, y también les he contado la historia de como comencé yo, pero hoy quiero ahondar en uno de los puntos que alguna vez trate en mi blog. Quiero platicarles de un error que cometí al comenzar en este camino.

Como les comentaba justamente en alguna de mis primeras entradas, descubrí el movimiento zero waste buscando inspiración sobre minimalismo en Instagram. Todos sabemos que lo más llamativo de esta plataforma son las fotos, entonces ese maravilloso mundo del minimalismo y el zero waste me cautivó: era tan simple, hermoso y perfecto, y me dije que yo quería algo así para mi.

Obviamente seguí los pasos básicos, que ya les he comentado antes, para reducir mi basura: el termo, las bolsas reutilizables, las compras a granel, etcétera. Todo hasta ahí iba muy bien, hasta que sin darme cuenta me ganó mi pasado de compradora compulsiva.

Tengo que aceptar que adquirí algunas cosas por impulso, pasando por alto una de las primicias del zero waste que es utilizar lo que ya se tiene antes de adquirir cosas nuevas, y que el consumir también contaminas y generas desperdicios.

Ahorita lo pienso y me perdono por que era novata en esto, pero por lo mismo siento la necesidad de compartirles mi experiencia, y como se que a ustedes les gustan los detalles tanto como a mi, les contaré a detalle que fue lo que me hizo darme cuenta de mi error.

Soy una persona muy decidida. Si algo se me mete en la cabeza esta difícil que alguien me lo saque. Así que comencé rápidamente a hacer cambios en mi vida cuando decidí adoptar el estilo zero waste y minimalista. No había leído mucho del tema, pero sentía que necesitaba hacerlo ya, después de todo le debía mucho al planeta.

Descubrí en mi ciudad una tienda exclusivamente zero waste, y viendo lo que vendían decidí que necesitaba algunas cosas. Compré varias cosas. Algunas definitivamente las necesitaba, y otras me di cuenta, después de algún tiempo, que no eran necesarias y que realmente podía haber usado cosas que tenia en casa.

Entre las cosas que compré esa vez estaba un “kit zero waste” para salir. Este incluía cubiertos de bambú, que no use hasta después de mucho tiempo, y los cuales pude haber remplazado simplemente usando lo que ya tenía en casa, y una funda para los cubiertos, que también pude remplazar, por ejemplo, con alguna cosmetiquera. Aclarando, los cubiertos de bambú son muy buenos si acostumbras viajar ya que en los aeropuertos no te dejan subir los metálicos, pero en mi caso no eran necesarios.

Otra cosa que recuerdo haber comprado era una bolsa de tela encerada, que en teoría, reemplaza a las ziploc pero que realmente no funciona igual y que la he usado en muy contadas ocasiones.

Hasta ahí todavía no me daba cuenta en que estaba callando en lo que ya hacía antes y a lo qué le estaba huyendo: el consumismo.

Abrí los ojos un día que se me ocurrió pedir por Amazon una bolsa para mandando. Yo ya tenía bolsas, pero mi excusa era que esta ocupaba poco espacio por el material del que estaba hecha, y me cabía mejor en la bolsa de mano. En parte era verdad, pero quede en shock cuando recibí el paquete y era una caja enorme con muchísimo plástico. Me di cuenta que había sido una compra sin sentido, y que en mi búsqueda de encontrar ayudar al planeta, estaba cayendo en lo mismo de antes. Y a partir de ahí fue cuando realmente comencé a aplicar el pensar antes de comprar, y preguntarme si realmente me es indispensable.

Claro que en este tiempo he comprado cosas, por que finalmente con el cambio de hábitos cambian también tus necesidades. Como ejemplos puedo dar: compré una mochila para el día a día por qué es más sencillo usarla y tener las manos libres ya que ahora cargo con mas cosas, compré un termo pequeño que pudiera caber en mi mochila, un recipiente plegable de silicon para cuando voy de paseo y se que necesitaré comprar comida que solo venden en desechable, e igual un vaso plegable con el mismo propósito, también compré un recipiente de acero ya que es menos peligroso que uno de vidrio, y si pongo ahí sobras de comida no le pasa nada con el calor como al plástico…y así he ido adquiriendo cosas que a diferencia de antes, he pensado un tiempo antes de adquirirlas y que también me he esperado hasta encontrar exactamente lo que necesito después de haber probado lo que ya tengo, por si puedo evitar comprarlo.

Entonces, si vas a comenzar en esta aventura de reducir tu basura, no olvides pensar antes de adquirir cosas, usa primero lo que ya tienes y ve comprando o cambiando solo lo que sea absolutamente necesario. No caigas en el consumismo sin sentido. Por más ecológico que sea algo, si no lo necesitas también estás aportando algo a la acumulación de basura y contaminación. Todo deja su huella ambiental.

Espero que mi experiencia te ayude en este camino, y no caigas en los mismos errores que yo. Recuerda que cada pequeña acción cuenta.

A 6 meses de comenzar el reto. Cambios que he notado.

En febrero se cumplen 6 meses de que comencé con el reto de reducir basura, y hoy quiero compartirles algunos cambios que he notado en casa, ademas del obvio que es que ya casi no se llenan los botes de basura.

Espacios despejados

La primera tarea que me propuse fue utilizar todos los productos que tuviera, y conforme se fueran acabando, y ahora si buscar opciones más ecológicas.

Había productos de los cuales tenía varios: cremas, jabones, shampoo, productos para limpiar la casa, muestras de diversos productos, etc. Así que al irme terminado todos ellos obviamente hay mucho más espacio en los lugares donde almacenaba estos productos.

Me encanto la tarea de irme terminando todo poco a poco, e ir notando como todo dejaba de verse tan amontonado.

Economía

La simplicidad también se ah visto reflejada en las cuentas mensuales. Como compramos menos productos entonces ya no gastamos tanto en casa.

Hablando de productos de limpieza y de cuidado personal pues hemos optado por opciones más saludables y sencillas, algunas las hacemos en casa, otras son compradas, pero aún así resultan más económicas.

Si hablamos de otras cosas como ropa, zapatos u objetos para la casa, antes de comprar algo nuevo primero busco la opción de repararlo, comprar solo lo necesario o pedir prestado.

Con el reto ya uno se las ingenia para no tener que comprar cosas nuevas, o buscar opciones más naturales, de comercio local y menos empaquetadas y procesadas.

Productos más frescos y naturales

Este punto también aplica a varios aspectos de nuestras rutinas.

Ahora consumimos más frutas y verduras en casa, no hemos eliminado los productos procesados por completo, pero si hemos visto un gran cambio en ese aspecto, ya le piensas más a la hora de elegir la despensa.

También buscamos cambiar los productos de cuidado personal y para limpiar la casa por otros que hagamos nosotros, o que de comercio justo, locales y con ingredientes más naturales.

Rutinas simplificadas

Como ahora tenemos menos productos para cada cosa, pues las rutinas se vuelven más sencillas, al no tener tener tantos productos diferentes con que limpiar o que usar, no pierdes tiempo en elegir qué toca usar.

También como todo está menos amontonado la limpieza y organización se vuelven más fáciles de hacer.

Estas son las cosas que se me han ocurrido por el momento. Cuando lleve un año seguramente notaré más. Es un proceso muy divertido y gratificante que todos deberían probar.

Además de esos beneficios mencionados imagínate toda la basura que no hemos generado en casa en estos 6 meses.

!inténtalo!. No hay nada que perder y mucho que ganar. Recuerda que cada pequeña acción cuenta.